Posteado por: bliques | noviembre 23, 2009

La lluvia amarilla

La lluvia amarilla es la profunda historia del último habitante de Ainielle, pueblo pirenaico cuyos habitantes, como muchos otros, se ven obligados a descender a regiones más industriales para poder sobrevivir. Narrado con excepcional maestría, este diario es el espejo en que se ve reflejada la mente de un hombre incapaz de abandonar las calles que han sido su hogar y las de su familia y amigos durante tanto tiempo, un Robinson Crusoe en el pirineo aragonés.

            Más allá de la soledad personal del protagonista, de su consternación al comprender la irrevocable destino de Ainielle, “La lluvia amarilla” profundiza no sólo en la realidad trágica de muchos pueblos españoles tras la posguerra, sino en la verdadera importancia de la vida, en la veracidad de las relaciones; habla de prejuicios y rencores, del miedo a la muerte y la aceptación de la misma, de la verdadera dimensión de la realidad. Todo ello sin olvidar nunca, al vez como telón de fondo y actor principal, la tragedia que conlleva la muerte de un pueblo.

            Narrado siempre desde el subjetivo ojo del protagonista, “La lluvia amarilla” provoca en nosotros un extraño sentimiento de comprensión e impotencia, y una conciencia tal –a medida que leemos- que nos es imposible abandonar a su suerte a su último habitante.

            En el libro, el diálogo apenas aparece un par de veces, cuando no de manera indirecta. Y sorprendentemente, al finalizar la lectura nos damos cuenta de que tampoco era necesario para mantener la atención, pues toda la narración es el monólogo de su protagonista, y a través de él, nostálgico y desolado, entramos en contacto con los hechos. Uno, en ocasiones dos o tres personajes son suficientes para transmitir la esencia del libro. Con “La lluvia amarilla” lees al mismo tiempo prosa y poesía, las continuas alusiones poéticas hacen que sea tu  propia mente la que al final ponga en la lectura el ritmo propio de un poema. Es entonces cuando te das cuenta de que la narración de Julio Llamazares posee, para tratarse de una novela, una musicalidad sorprendente.

                                  María Sobrino (Bachillerato)

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