Posteado por: bliques | enero 31, 2010

Premios del concurso literario 2009-2010

Aquí podemos ver a los ganadores del XII Concurso Literario de nuestro IES. Dentro de poco completaremos esta entrada con los relatos ganadores.

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Enlace al relato “La vida dormida” de Juan José Pinos, de 1º de Bachillerato (primer premio en su categoría): 

                                         La vida dormida

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Cuento de Daniel Ruiz de la Cuesta, de 2º de ESO (primer premio de relato de su categoría):

MI LIBERTAD

Todos en la aldea nos preguntábamos qué le había podido pasar al joven Lucas. Los ancianos contaban que de pequeño era un niño alegre, bueno, brillante, siempre pensando en divertirse junto a los demás y, lo mejor de todo, el más valiente de todos; sin embargo ahora, era un joven oscuro, triste y solitario.

Lucas era un niño huérfano, su madre murió pocos días después de nacer él y su padre, no pudiendo aguantar el dolor de la pérdida, desapareció de forma misteriosa y meses después todos supieron que se había ahogado en el río Durphi, pues su cuerpo apareció flotando en sus aguas.

A pesar de  todas las desgracias que rodeaban su nacimiento, creció de forma muy feliz al lado de un anciano llamado Jeremías, que lo había criado como si de un hijo propio se tratase.

Jeremías era una persona extraña, pues siempre actuaba de forma diferente a como lo hacía cualquier padre con su hijo. Para Jeremías lo más importante era la libertad que uno sentía al hacer lo que más deseaba y la felicidad que se sentía al ayudar siempre a los demás, no esperando nada a cambio y eso precisamente era lo que intentaba transmitir a su hijo Lucas.

Solo Jeremías sabía lo que rondaba por el corazón de su querido hijo y también sabía que sólo él era capaz de hacer que volviese a ser como era antes. No moriría en paz si antes no lo intentaba y se había propuesto que sería lo último que conseguiría en lo que le quedaba de vida.

Una mañana de Octubre, cuando la suave brisa del otoño despertó al anciano, se dirigió al monte del sur, estaba seguro de que allí se encontraría su hijo, mirando la hermosa cascada que caía desde lo alto del monte hasta el arroyo donde tantas veces habían ido a pescar juntos y donde tantas veces le había dicho Lucas:

– Padre, ¿cómo se sentirán los pájaros cuando se dejan caer desde lo alto del puente hasta el arroyo para conseguir su comida?

– ¡Libres hijo, libres! – le contestaba Jeremías.

A Lucas, se le encogía  el corazón y decía que algún día, él también sería libre.

 Jeremías se sentó al lado de su hijo y comenzó a hablar:

– Siempre me decías que algún día serías libre, como ese pájaro que ahora está saltando ¡mira!,- pero Lucas no miraba, sólo dijo,”la libertad cuesta muy cara y yo la perdí con 13 años…”.

Jeremías sabía qué quería decir, pero no podía ver cómo su hijo estaba muriendo en vida, fue en ese momento cuando comenzó a hablar de aquella tarde, de lo que ocurrió y de lo que podría ocurrir si saludaba de nuevo a la vida:

 –  El cielo estaba plomizo, lo único que podías ver sobre el estanque era su bañador color turquesa, y su melena amarilla como el oro. Estaba muerta, lo supiste, incluso antes de lanzarte al vacío. Tu amiga, tu compañera, pendía muerta de la cuerda como la araña del un hilo, mientras túllegabas volando a su lado, sola, sin tu calor, sin tu voz para arroparla, envuelta en esa inmensa libertad que tanto anhelabais ambos.

Tú,el destrozado libertador, no alcanzabas a creerlo. Para ti, ella era eterna, no podía perecer de este modo, no podía acabar así su vida.

Una melodía comenzó a sonar, no sabías de dónde provenía tan dulce música, pero poco te importaba. En aquel triste momento, sólo podías pensar en volver a tocar su piel tan blanca, abrazar su cuerpo, oler su melena, bailar con ella la última danza mientras los dos os abalanzabais sobre el vacío infinito de la libertad, soñando aquello que más deseabais.

La desataste dulcemente de la soga que tanta felicidad os causaba, la arrancaste de las fauces afiladas de la cuerda, no querías dejar que le hiciera más daño. Su pelo resbaló por tus hombros, tan natural, tan dolorosamente hermoso.

Comenzasteis vuestra danza improvisada. Tú la abrazabas entre sollozos incontenibles, pero silenciosos, sólo la dulce música del viento se oía. La levantaste por los aires, como si pudiera volar, siempre pendiente de su mirada perdida, de su rostro de muñeca. Le susurraste que te dejara volver a sentir su cálida mano sobre tu piel forjada en las batallas, como antes de partir. La llevabas en volandas, entregándosela al cielo, pero retirándola antes de que pudiera aceptar su ofrecimiento. Con el corazón roto y la pérdida supurando por todo su ser, escuchaste cómo la música del viento llegaba a su punto álgido, y pudiste sentir que el peso de tu amiga no era el mismo que al principio de la danza.

Cuando no pudiste resistirlo más y todos los músculos, huesos, y sentidos que formaban tu cuerpo y tu persona clamaban atormentados de pena, la atrajiste una última vez hacia ti exigiendo que no te la arrebataran, y os dejasteis caer desconsolados.
La sentiste estremecer en tu cálido abrazo. Abrió sus enormes ojos y su corazón volvió a golpear en su pecho. Tu súplica, tu libertad, la traían de vuelta arrebatada de la muerte prematura e injusta.
Tu felicidad era inconmensurable, vuestros cuerpos se entregaron de nuevo al vacío, esta vez sonriendo, llorando al mismo tiempo. Os aferrabais mutuamente, para comprobar que no era un sueño, ni una ilusión. La uniste a tu cuerpo, haciéndola reír, girabais y girabais, hasta que la cuerda se tensó y dio por finalizado su baile. Y al fin os fundisteis en un emotivo abrazo, lleno del calor de vuestros propios cuerpos.

Jurasteis que nunca mas volveríais a saltar y que ese secreto se lo llevaría el viento con vosotros…

Pocos días mas tardes Cris moría de un mal de corazón.

Tú te sumiste en la desolación y tristeza; la gente del poblado murmuraba que los demonios se habían llevado a Cris y que a ti te habían castigado con la tristeza y la soledad, pero ¿no crees que tu tristeza es sumisión? ¿No te he enseñado yo que viendo felices a los demás serás feliz tú?

Lucas, con la mirada perdida, logró decir en un leve susurro: “mi felicidad se fue con Cris.”

En ese momento, Jeremías se levantó e hizo lo que nunca había hecho con su hijo, le levantó de un tirón, le miró a los ojos de forma penetrante y amenazadora y le dijo:

– Me queda poca vida junto a ti, y no te permitiré que me dejes morir sin antes haberte arrancado una sonrisa de tu cara, lucha por tu felicidad, por tu libertad, por aquello que te hizo sentir bien junto a Cris, por mí, por todos aquellos que desean verte sonreír de nuevo.

Lucas miró a su padre, buscó la cuerda que tenía escondida en los matorrales, subió al puente, la ató fuertemente a sus pies y mirando al cielo, se lanzó al vacío gritando “¡Cris, libertad!”

Fue una decisión bastante arriesgada pues se necesitaba mucho valor y un espíritu aventurero para sentir de nuevo las emociones, emociones intensas y extremas, al estar sobre el filo del puente a una gran altura y con la cara de Cris en sus pupilas, sintiendo el cuerpo ligero, el viento levemente frío, las pupilas dilatadas sin ver el fondo, además de las manos humedecidas de sudor, empezando a sentir pequeñas descargas de adrenalina fluyendo en cada uno de los rincones de su cuerpo, manifestándose con pequeños temblores y el corazón latiendo muy rápido.

Cuando decidió saltar al vacío, el tiempo transcurrió muy lento, su estómago se comprimió, el nivel de adrenalina le subió agresivamente y sintió su sangre fluida de forma muy acelerada sacudiendo al máximo su corazón, sintiendo un inevitable cosquilleo excitante por todo el cuerpo y esto acompañado de mucho aire que le anestesió el oído.

Cuando creyó que el final sería en el fondo del arroyo, se inició un veloz movimiento pendular que le señaló que había concluido la caída.

Sintió ese reconfortante sentimiento de estar vivo, esa libertad.

El grito fue estremecedor, desde todos los rincones del poblado se consiguió oír el nombre de Cris, nombre prohibido desde su muerte y la palabra mas anhelada por todos:  ¡libertad!

Todos temían lo peor, Lucas había vuelto a saltar al vacío y esta vez los demonios se lo habían llevado probablemente a él, sin embargo el sol comenzó a brillar y una silueta apareció entre resplandores.

Todos, absolutamente todos, comenzaron a murmurar, primero uno, después otro y otro, los aplausos comenzaron a sonar, atronadores, retumbando en todo el poblado.

Y los dos, padre e hijo, aparecieron lentamente, con una alegría incontenible, y una sonrisa impresa en su rostro. Lo habían logrado, habían emocionado su corazón, que se alzaba en pie en el centro de la plaza.

Lucas estaba irreconocible, lo había conseguido partiendo de un sueño de su infancia, y ése era el resultado de su esfuerzo.

Fue en ese momento, cuando de los ojos del joven, salieron verdaderas lágrimas de felicidad ya que comprendió que su poblado brillaría desde ese día por ser el poblado donde más hombres conseguirían la libertad, convirtiéndose desde entonces en el gran maestro de “caída libre” y sus queridos montes del sur, junto con su puente milenario el lugar más reconocido y confortable del planeta para realizar deportes de alto riesgo.

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Responses

  1. A mi me ha gustado mucho. No me esperaba que Daniel pudiera escribir una obra así. Lo expresa muy bien todo, y tiene muy claras las ideas.
    Es una historia bonita y realista.
    Enohorabuena Daniel(y no hagas caso de Manuel).

  2. no he podido ni terminar de leerlo del tostón que es…
    no lo recomiendo para los lectores de literatura rosa y facil.
    Mas bien para alguien que o bien este muy aburrida o bien que sea muy masoquista

    • Parece ser que no te gusta nada, no te gustan las instrucciones de Julio Cortázar, no te gusta el relato.. ¿te gustas tú? ¿serías capaz tú de escribir algo coherente?, ¿o es que eres el gracioso de turno y para darte importancia escribes esas tonterías?
      Por lo que veo te expresas bastante mal, solo tienes que leer tu comentario.
      Las cosas gustan o no gustan, pero por eso no debes perder el respeto a las personas que las escriben y eso es lo que tu estás haciendo. Por otra parte tu capacidad de entendimiento es nula, aprende a leer entre lineas…

  3. He leído los dos relatos y mientras uno me ha dado miedo al leerlo, el otro me ha producido una grata sensación.
    Uno habla de fracaso y el otro de superación.
    He de decir que Juan José parece tener mucho mundo, mientras que Daniel de la Cuesta parece ser optimista con la vida.
    Los dos me han encantado, cada uno a su estilo, uno fuerte y frio y otro sensible y cálido.
    Preciosos relatos, sobre todo por lo que reflejan entre líneas para aquellos que los quieran leer y entender.
    Enhorabuena al instituto por hacer que chicos de esas edades escriban tan bien, animarles a que sigan.
    Enhorabuena chicos, seguir así.

    • Me ha sorprendido mucho el relato, no me esperaba que se pudiera enlazar tan bien el tema de la libertad con un deporte.
      Me he quedado con la duda de lo que le sucede a la chica. Cuando está haciendo puenting Cristina y su amigo la encuentra en el agua
      ¿qué ha pasado? ¿la cuerda se ha roto o le ha dado un ataque de pánico?
      Y respecto a lo de que se muere Cristina por unos problemas de corazón, cosa que me parece rara en una chica de 13 años ¿ Tiénen relación esos problemas que le han causado su muerte con el puenting?


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