Posteado por: bliques | febrero 9, 2010

Recordando a Salinger

Recientemente ha fallecido J.D. Salinger. Mucho se ha escrito en los periódicos acerca de este escritor huraño con el público, esquivo y de obra breve pero indispensable. Como alguien ha señalado,  “Sólo por El guardián entre el centeno uno se gana el cielo o por lo menos la presencia en todos los programas de lectura de todos los institutos de secundaria del mundo. La historia de Holden Caulfield, quintaesencia del adolescente eternamente atrapado entre las restricciones de la infancia y la trampa de la madurez, no ha dejado indiferente a nadie desde su publicación en 1951.”

Es un buen momento para animar a la lectura de El guardián entre el centeno o de alguno de los cuentos de Salinger:  algunas obras maestras del género  (¿qué más se puede decir, por ejemplo, de “Un día perfecto para el pez plátano”?).

Para que puedas opinar, lee:

1) Artículo sobre la muerte de Salinger en El País (incluye varios enlaces).

2) El comienzo de El guardián entre el centeno:

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán
saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis
padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield,
pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y,
segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a
hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo
mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay
quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con
pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó
durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que
tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he
contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está
muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana.
El será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizá el mes próximo.
Acaba de comprarse un «Jaguar», uno de esos cacharros ingleses que se
ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil
dólares le ha costado. Ahora está forrado el tío. Antes no. Cuando vivía en
casa era sólo un escritor corriente y normal. Por si no saben quién es, les
diré que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos
fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de
un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha
comprado con su dinero. Es una historia estupenda. Ahora D.B. está en
Hollywood prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni
me lo nombren.
 
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