Posteado por: bliques | marzo 15, 2012

Concurso literario 2012: relatos de ciencia ficción

Como sabéis, el colofón de nuestra actividad “2026 Duques Galáctico” fue el concurso literario de relatos de ciencia ficción. Poco a poco iremos publicando los relatos ganadores, seleccionados por un jurado integrado por alumnos de Bachillerato (todos cursan la asignatura de “Literatura universal”). Empezamos por “Lykaios”, escrito por Raquel Badillos (2º de Bachillerato).

“Lykaios: la historia de una invasión narrada desde el bando de sus atacantes. ¿Qué le sucederá a la especie humana ante uno de sus máximos temores?”

La brisa primaveral rozaba su verdeazulado rostro mientras caminaba una vez más dirección a su humilde apartamento donde no le esperarían más que un par de recibos y mucho, mucho trabajo. Rhea pertenecía al cuerpo de policía de Boston, había ingresado en él de forma rápida gracias a su magnífica condición física y sus conocimientos en investigación. Resaltaba con respecto a sus compañeros. La altura, la corpulencia y las facciones duras parecían un requisito clave para triunfar en tal profesión, pero ella, de cuerpo frágil y de movimientos suaves, había conseguido alzarse en un oficio tan masculino. Lo cierto es que estas no eran las únicas diferencias; ella presentaba características distintas del prototipo humano. Escondía entre su larga melena rubia unas orejas puntiagudas poco comunes entre los genotipos humanos, apenas se relacionaba y desde fuera parecía no sentir absolutamente nada. Cuando apareció y logró hacerse un sitio como oficial, muchos se plantearon la posibilidad de que fuese un Kairos desobediente que había violado las normas de la evolucionada sociedad del año 3250. Los Kairos eran especiales, eran creados en los múltiples laboratorios que se habían construido a lo largo de todo el mundo con el fin de facilitar la vida humana. Eran robots con aspecto élfico  y comportamientos humanos. Podrían ser confundidos entre una multitud cada vez más numerosa de no ser por la llamada ‘‘marca de nacimiento’’; todos ellos presentaban en la parte superior de su espalda un diminuto número con el que quedaban identificados, ellos y toda su trayectoria profesional y personal. Actuaban como el resto, es más, habían sido educados para ello. Lo único que su corazón metálico no les permitía, era sentir, amar como lo hubiera hecho cualquier joven apasionado en su época adolescente. Ellos establecían relaciones con sus semejantes pero jamás llegaban a desear permanecer eternamente con ellos ni lloraban la muerte de quienes les rodeaban. Simplemente eran incapaces de llorar. Esto era considerado por los inminentes científicos responsables de su creación como un fallo en su obra maestra, pero para el Estado era una ventaja, una forma más de reconocerlos. Los Kairos, además, eran levemente discriminados; no podían acceder a altos cargos ni a profesiones que les permitiesen conocer las estrategias de un Estado contra el cual podían atentar. Por eso Rhea, al querer unirse a la clase dirigente de la policía, se había tenido que someter a continuos exámenes que permitieran demostrar que, pese a asemejarse a esas criaturas insensibles, era un humano más. Aun así, muchos, recelosos de su creciente éxito, seguían intentando buscar la forma mediante la cual conseguía ocultar su origen. Ella decía provenir de un clan milenario del norte de Rusia, pero no dio nunca detalles sobre el nombre de su tribu ni sobre sus años de historia.

Lee aquí el relato completo:    Lykaios

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