Posteado por: bliques | marzo 9, 2014

Concurso literario. Primer premio de la Categoría C: Camino (Francisco Mir Biribay)

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Desconectar, escapar, evadirse. Perder la noción del tiempo en una sonrisa y encontrar que no hay nada más maravilloso que los colores de un paisaje castellano. Escuchar el sonido de la zapatilla contra la tierra y sentir los kilómetros en la espalda y en el corazón. Que cada esfuerzo se vea recompensado, que cada saludo se vea devuelto. Tomar en la vida solamente lo imprescindible y no dejar atrás más que unas huellas que digan que tú también intentaste ser feliz. Algún día esas huellas las tapará la tierra y desaparecerán, pero siempre quedará una memoria que las recuerde en todas esas sonrisas, en todos esos saludos, en cada paso que recorras a través de este bello Camino.

Todo esto sonaba en la cabeza de Arturo mientras observaba su reflejo en el constante fluir del riachuelo. El agua no dejaba de pasar y él no paraba de mirar. En la superficie un hombre cansado le miraba fijamente a los ojos. No era un cansancio físico, era un cansancio vital. Agotado de la vida el reflejo observaba a Arturo, el cual no dejaba de pensar que ese rostro siempre había estado allí, esperando a que él llegara para entenderlo.Arturo seguía sentado en la orilla, mientras imágenes de su pasado acudían a su cabeza recordándole quién había sido. En su cabeza, Arturo aparecía de traje, a la cabeza de un gran negocio. Este negocio era todo lo que él había tenido, y durante muchos años todo lo que él creía necesitar. Atrás quedaron los años de sacrificio, las amistades perdidas, la ruptura con su familia… Con gran esfuerzo había conseguido triunfar en la vida y en su imagen el hombre trajeado sonreía contento. Era un hombre alto, de buena planta. Su rostro denotaba la experiencia de quince inviernos en el mundo financiero y el brillo de aquellos ojos azules demostraba confianza. Tenía el pelo castaño, el cual era exhibido con un cuidado impecable mediante un corte clásico. Ese hombre trajeado miraba fijamente a Arturo en su memoria, contrastando con el otro rostro que seguía examinándole desde la superficie del agua. Este rostro tenía ya cincuenta y seis primaveras y su expresión de experiencia era más serena, más madura.La espesa barba crecía sin control alrededor de la boca y el pelo largo y enmarañado le hacía parecer un pordiosero.

SIGUE LEYENDO:  Enlace al cuento completo.

Camino (Francisco Mir Biribay)

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