Posteado por: bliques | noviembre 27, 2014

La lluvia amarilla (Julio Llamazares)

LA LLUVIA AMARILLA

Julio Llamazares, el autor de este libro, se pone en boca de Andrés un habitante –inventado por él- de un pueblo de la zona del Sobrepuerto, en el Pirineo oscense, llamado Ainielle.

Es un continuo monólogo que Andrés escribe antes de morir solo, acechado por la muerte en su habitación, en silencio, sin una mirada humana que le consuele en ese momento que inevitablemente todo hombre debe afrontar

Andrés y su mujer, Sabina, vieron cómo el pueblo de su vida iba muriendo poco a poco. Cómo el éxodo rural les quitó a sus vecinos y familia, la compañía humana, y les dejaba recuerdos entre piedras apiladas que guardaron miles de historias entre ellas y que pronto caerían, entre zarzas, en el olvido. Sabina se suicidó, incapaz de soportar la soledad, los fríos inviernos, la lucha continua contra los recuerdos.

Este hecho acaba con la cordura de Andrés al cabo del tiempo. Utiliza “la lluvia amarilla” como metáfora de la muerte. En realidad son las hojas de los chopos que caen en otoño cubriendo el paisaje anunciando la llegada del desolador y duro invierno, que él compara con la muerte.

Su solitaria rutina le hace odiar a los que abandonaron Ainielle, llegando en una ocasión a amenazar al que fue su amigo, Aurelio , que volvía a recoger las cosas que dejó cuando huyó del pueblo tan rápido como si alguien le persiguiera. Pero no era una persona quien le perseguía sino el tiempo, el miedo al olvido.

Andrés pasa por momentos muy duros, como un invierno entero sin salir de casa, atrapado por la nieve, o una terrible fiebre de la que a punto estuvo de no sobrevivir.  Pero su carácter fuerte, su fidelidad a la tierra que le dio la vida, le hacen seguir hasta el final de sus días.

La soledad le hace delirar hasta tal punto de ver a los fantasmas de sus familiares, que le esperan cada noche a la luz de la hoguera. Él los acepta como algo real, fuera de su cabeza. Su verdadera preocupación es qué será de Ainielle y si le encontrarían para enterrarle, y  si por fin descansará en paz.

Me ha parecido un buen libro, que muestra la capacidad de ser fiel de los hombres, la lucha continua contra el éxodo rural que ha sacudido fuertemente España en el último siglo, llevándose todo. Por otro lado, refleja la enrevesada mente humana, qe en momentos extremos hace vivos los recuerdos hasta tal punto de rozar la realidad

Andrés no fue real, pero seguramente refleje la historia de los últimos pobladores rurales que irremediablemente se sentirían así:   Un humano indefenso frente a la poderosa soledad, tan próxima a la muerte.

TERESA GONZALO MORENO  (1º de Bachiller)

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