Posteado por: bliques | abril 21, 2015

“Reflexiones nocturnas”. Ángela Blanco. 2º premio. Concurso literario (Bachillerato)

REFLEXIONES NOCTURNAS
Laura, a sus diecinueve años de edad, ya ha descubierto una de esas normas que afectan a la vida de todas las personas. Está sumida en una reflexión nocturna, bajo el calor del edredón obtiene su conclusión: la vida se basa en momentos, futuros recuerdos. Antes de llegar a esta conclusión, su cabeza ha revivido los momentos, los instantes más especiales desde que tiene consciencia, aquellos que, por alguna razón, están gravados en ella ya para siempre.
Recuerda las noches de verano, aquellas entre los ocho y los doce años, en las que después de cenar bajaba a la plazuela con los demás niños del pueblo. Se reunían todos bajo la luz de la farola que más alumbraba y a eso de las diez y media comenzaban a jugar. El juego de toda su infancia fue, por excelencia, polis y cacos. Como todos querían ser cacos, por la ley aceptada por todos -“melón, sandía, melón, sandía, tú serás un buen policía” y “sandía, melón, sandía, melón, tú serás un buen ladrón”- se decidía los que tenían que pillar y los que huirían para no ser pillados. Esas horas de la noche eran el mejor momento para jugar de todo el día. La oscuridad de la noche, la tranquilidad, el silencio,…eran perfectos para el transcurso del juego.
Tras recorrer mentalmente varios años de su niñez, su mente se detiene en una noche de invierno que recordaba con todo detalle. Ese día cenó a las nueve con sus padres y con su abuela como todos los días y, como todos los días, mientras su padre y su madre terminaban de recoger la cocina, su abuela la acostó mientras hablaban. Ese día, se había muerto el abuelo de Luis, un chico de su clase, y por ello Laura le dijo a su abuela, apenada, que cuando se fuese como el abuelo de Luis, iría a verla todos los días al cementerio. Esto hizo que su abuela le confesase que no quería que la enterrasen, que quería que cuando eso pasase (dentro de muchos años) fuesen al pueblo y lanzasen sus cenizas al mar para que volasen libremente. Laura le preguntó a su abuela por qué, cuando se muera, no quiere que la entierren como a los demás abuelos de sus amigos. Su abuela, con una sonrisa y su dulce tono de voz, le respondió: ¨cuando ya no esté, no quiero que tengas que ir a un cementerio para recordarme o sentirme cerca, ni que unos días señalados en el año te entristezcas por ello, quiero que me recuerdes con alegría cuando pequeñas cosas del día a día te recuerden a mí, te hagan revivir los momentos que hemos vivido mediante una feliz añoranza”. Laura se quedó pensando qué cosas del día a día le recordarían a su abuela en el futuro y encontró una que sin duda lo haría: la luna. La luna es la cara blanca y redondeada de su abuela, el espectador de todas sus conversaciones antes de irse a dormir, silenciosa pero que siempre está ahí aunque no la veamos, al igual que su abuela cuando ya no la pueda ver o abrazar, para Laura estará siempre presente.

Lee el relato completo: Reflexiones nocturnas

(Ángela Blanco; 2º de Bachillerato)

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