Posteado por: bliques | enero 23, 2016

Andrés Neuman. Segunda entrega: Una silla para alguien.

Pasamos a la segunda parte de nuestras lecturas de Andrés Neuman en Hacerse el muerto. Ahora vamos a leer los breves relatos de la parte titulada “Una silla para alguien”. Vuelvo a dejaros unos fragmentos de una entrevista con el autor en la que habla de esta obra:

‘Hacerse el muerto’ (Páginas de Espuma), de Andrés Neuman; un libro lleno de relatos espléndidos (con muchos homenajes: a su madre, a su padre, a Ray Bradbury, a Kafka, a Daniel Moyano…) y de una nueva teoría del relato. Andrés Neuman es un talento natural: respira literatura y ficción, imaginación y talento, por todos sus poros. En la siguiente entrevista nos da algunas claves de su obra.

Este libro tiene un elevado componente de dolor y de autobiografía. ¿Por qué? 

Una de las secciones del libro habla de mi madre, que murió muy joven. El poeta Roberto Juarroz decía que el mayor acto de amor de las palabras es crear presencia. Ante una ausencia, la ficción reacciona. La muerte nos arrebata a los seres amados, pero el lenguaje los revive para que sigamos conversando con ellos. Un texto literario puede ser autobiográfico, pero su dolor es colectivo.

¿Qué le debe el libro a la figura de tu madre, a su partida, y a ese susto que te dio tu padre?

Mi madre era violinista. Me gustaría pensar que, si en mi prosa hay alguna música, sale de su violín. Mi padre estuvo a punto de morir hace años. Mientras esperaba el resultado de la operación, me entregaron sus zapatos en una bolsa de basura. Ese día supe que, tarde o temprano, esos zapatos iban a estar en mis pies. Pienso que nuestra infancia termina cuando nuestros padres se vuelven débiles. Algo de esa certeza hay en el libro.

 Escribes: “Enterramos a mi madre un sábado al mediodía. Hacía un sol espléndido”. ¿En qué medida te ha influido Kafka, y su indolencia casi animal, en tu concepción del relato?

Kafka me parece genial, inalcanzable, pero no comparto en absoluto esa indolencia emocional. Prefiero la vulnerabilidad y la suciedad. En cuanto a la frase que citas, creo que se refiere a la perplejidad de comprobar que la vida seguirá brillando sin nosotros. O quizás al consuelo de que sea así.

¡Esperamos vuestros comentarios!

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Responses

  1. Una vez más, Andrés Neuman nos presenta cinco nuevos relatos muy conmovedores y cargados sentimientos, en los que nos deja ver cómo vivió y cómo fueron para él los últimos momentos al lado de su querida madre.

    Andrés era consciente, desde un primer momento, que su madre entraba en el hospital para no salir nunca más, o al menos por su propio pie. Pero a pesar de todo, no inclina la cabeza hacia el suelo ni se deja vencer por la trágica situación por la que está pasando, sino que, aun con todo ese malestar en el cuerpo y esa sensación de que el mundo se te viene encima, sabe apreciar todo lo bueno que le ha dado su madre, empezando por la vida. El regalo más grande que nos van a poder hacer en nuestra vida es, sin duda, el nacer. Andrés quiere agradecer a su madre, de algún modo, este regalo tan preciado, la vida.

    Parece mentira que con lo maravillosa que es la vida, únicamente sepamos valorarla y darle sentido cuando llega su fin. La vida son dos días y hay que vivirla a tope y con intensidad desde el primer momento, pues no vale lamentarse cuando ya no nos queda nada.

  2. Estos cinco relatos con el título de “una silla para alguien”, hablan sobre cuando se murió su madre, y consiguen que te sientas identificado con él.

    Te hace pensar sobre que no solemos expresar las emociones hasta que es tarde. Me ha chocado mucho en el primer relato “Madre atrás” cuando dice: “y quise decirle algo a mi madre, y no supe hablar”. En el resto de los relatos intenta recordar a su madre y pensar que haría con ella si la tuviera otra vez delante. En “una silla para alguien” intenta construir un recuerdo que para él hubiera sido bonito tener, dar un paseo con la persona que más quería.

  3. Era un periódico local, de esos gratuitos. Lo había devorado, con ansia, durante horas. No porque no tuviera otra cosa que hacer, sino porque sí que la tenía. Podía recitar (y sigo pudiendo hacerlo) las insípidas noticias y los más que abundantes anuncios uno por uno sin cambiar un punto. Ahora lo retorcía entre mis manos con fuerza, con rabia, con resignación. En mis manos, húmedas de sudor, quedaron impregnadas algunas letras y palabras sueltas, inconexas.
    No lo solté ni un segundo, ni si quiera cuando por fin salimos de la sala de espera. Ni siquiera cuando unas lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. Ni si quiera cuando completamente desorientado, aturdido y agotado perseguía una camilla sorteando a médicos, a enfermeros, a otras camillas paradas en los laterales del pasillo, a mis propios familiares, a esquinas y puertas… Para mi no existía ese pasillo, ni toda esa gente; para mí, la camilla era lo único. Sólo la veía con claridad a ella. No distinguía entre todo lo demás. Sólo eran para mi obstáculos que me retrasaban, que me alejaba de aquella camilla que ágilmente los superaba.
    Yo no corría, andaba velozmente pero con gran torpeza. En cada esquina esprintaba al perderla de vista. Necesitaba comprobar que seguía allí, que no se había desvanecido, que seguía avanzando y se encontraba más lejos incluso de lo que estaba antes de dejar de verla. Respiraba entonces; en cada esquina.
    Vi como se paraba delante de unos ascensores. Relajé el paso, me froté los ojos con las manos, ni siquiera había advertido que llevaba el periódico todavía en la mano. Me sirvió para secarme las lágrimas. Me quedé quieto a un par de metros de los pies de mi padre. Tomé aire. Me costó, estaba jadeando. Intenté esbozar una media sonrisa. Moví mi pié izquierdo hacia delante, luego el derecho y otra vez el izquierdo. Todo fue tan lento durante unos segundos… Distinguía cada sonido en el ajetreado pasillo con claridad, sentía el aire saliendo de la rendija de las puertas del ascensor, notaba como mi camisa se pegaba y se despegaba de mi piel, sentía el corazón latiendo con tal intensidad que hacía vibrar todo mi ser, tuve tiempo de pensar cada mínimo movimiento de mi cuerpo aunque éste me respondiese a duras penas. Ya estaba a la misma altura que la maldita camilla, a su izquierda. Ya la tenía por fin a mi lado. Con la mano derecha, recorría la pequeña barandilla de metal de la camilla. Estaba fría, muy fría. Cerré los ojos muy fuerte. Apreté los puños. Uno en la barandilla y otro con el periódico. Pensé en qué decir al abrirlos. Se me hizo eterno ese debate interno para decidir mis palabras, aunque fueron apenas segundos. Encontré finalmente las palabras. Aflojé los puños. Solté la camilla, pero no el periódico. Abrí rápidamente los ojos. Tuve que volver a cerrarlos cegado por la luz. Los abrí esta vez más lentamente y, mientras poco a poco iba viendo con más nitidez, distinguí como las puertas del ascensor se cerraban con la camilla dentro.

    Continuará.

    ***

    El no saber si esa noche iba a necesitar una silla, una caja o una urna ha hecho que haya conectado especialmente estos extraordinarios relatos y que tengan un significado especial para mi. Imagino que lo tienen para cada lector. Espero que no sea el mismo.

  4. Los relatos de “Una silla para alguien” cuentan de una manera muy dulce la muerte de su madre, dándole las gracias por darle la vida. Los considero como una forma de recordarla, no con furia ni amargura por la pérdida de su madre, sino de una manera bonita y con matices de tristeza pero sin esconder la realidad de su enfermedad. Utiliza mucho el símbolo de la silla que nunca llegó a usar, para mí significa más una alegría por no haber estado sometida a la silla que tristeza por no haberla podido usar por la muerte de esta, esa silla significa su enfermedad, la forma en la que tendría que haberla soportado, pero nunca llegó a necesitarla porque se liberó antes.

  5. Este pequeño relato me ha hecho reflexionar sobre la importancia que tiene una madre en nuestras vidas, no voy a contar nada que ya sepamos, pues es obvio quien es la persona de la cual hemos recibido tanto cariño y dedicación. Para mí una madre es una mujer que por más que este allí a tu lado nunca te cansarás ni saciarás de su presencia ni de su compañía, y no habrá nadie que pueda igualarla…porque mi madre me lo enseñó todo, excepto como vivir sin ella.

  6. “Una silla para alguien” es una serie de cinco relatos en los cuales Andrés Neuman habla sobre la muerte de su madre.

    Uno de los relatos que más me ha gustado es el de “Madre atrás” en el que narra cómo entró en el hospital, pensando en no pensar, tal vez para no volverse loco ya que los acontecimientos futuros no dependerían de él ni de nadie más, sólo de una moneda danzando en el aire, sólo del azar. También habla sobre su madre, en un momento dado se imagina a un niño en una bañera, nacemos siendo niños, crecemos, pero de algún modo terminamos siéndolo otra vez. Otra cosa sobre la que habla es sobre la vida, ese regalo que nos hacen sin pedirlo, que no podemos rechazar amablemente y del que siempre estaremos en deuda.

  7. El siguiente capítulo del libro “Hacerse el muerto” recoge una serie de relatos donde Andrés Neuman plasma sus sentimientos y emociones cuando ve próxima la muerte de su madre. Sin embargo, los relatos no tienen como tema principal la muerte.

    Me ha llamado especialmente la atención “Una silla para alguien” donde el autor cuenta cómo hubiese sido pasear a su madre en una silla de ruedas, un objeto que al principio le hacía ilusión y que luego le genera tristeza ya que nunca se llegó a montar.

    También cuenta cómo nuestros padres nos dan la vida, un regalo que nosotros no pedimos tener pero que nunca podremos recompensar. Por último resalta el papel de la madre, la cual nos enseña a disfrutar de los errores.

  8. SIguiendo con la lectura de “Hacerse el muerto” de Andrés Neuman me pregunto si en vez de hacerme el muerto como el protagonista, pasaré a estar muerto entre tanto examen.
    Sin embargo, para mi sorpresa, esta segunda parte es un canto a la vida y al vivir. En primer lugar se habla de la vida como un regalo que nuestras madres nos hacen sin nosotros quererlo, una visión realmente interesante la del autor. También dice que hay que aprender a ver la belleza en los errores y esa extraña sensación de añoranza de las cosas o personas cuando ya no están.
    Por otra parte, me resultó peculiar la manera tan irónica con la que habla de la muerte de su madre, y la importancia que da a la silla que nunca llegó a usar.
    En conclusión saco que debemos aprovechar más esos regalos que tenemos sin pedirlos, más importantes que ningún otro y que algún día pueden dejar de estar sin previo aviso.

  9. Con esta segunda lectura, y segunda oportunidad, de “Hacerse el muerto” he llegado a los relatos sobre la muerte de su madre y por fin comienzo a comprender las palabras que escribe. Con la primera lectura no acabé muy conforme, pero con esta segunda lo he conseguido.

    En los relatos cuenta esa valentía y, a la vez, ese miedo cuando llega por primera vez al hospital con su madre y cómo él es incapaz de hacer salir de su boca una sola palabra. Algo que me ha encantado ha sido esa metáfora de la moneda y como cuando alguien la lanza ya no hay marcha atrás, simplemente cae a demasiada velocidad y no puedes hacerla parar. Solo consigues pararla y suspenderla en el aire una vez que lo inevitable ha ocurrido.
    Otra de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo consigue jugar con la ironía de hablar del entierro de su madre y ser capaz de solo decir que hacía un día espléndido para después imaginar cómo hubiese sido pasear con ella. Pasear en esa silla que nunca llegó a usar y en la que él ansiaba montar a su madre para poder salir a pasear con ella, siendo uno. Porque eso era lo bueno de la silla, que le permitía hablar en plural pues “cada uno participa del cuerpo del otro, con un mismo empuje caminan los dos”.

  10. Una vez más, este libro me ha vuelto a sorprender, esta vez en la capacidad que tiene Andrés Neuman para expresar sus sentimientos y plasmarlos en un papel de forma que el lector sienta el amor por su madre, como él lo sentía por la suya.

    La pérdida de un ser querido es difícil, pero aún lo es más cuando sucede de repente. Cuando te dan la noticia, todo tu cuerpo se paraliza entrando en un estado de shock y no llegas a creerte lo que te acaban de decir. A medida que te vas recomponiendo, sientes la tristeza de no haber podido despedirte de una manera especial con esa persona, pero la mejor forma de sentirte bien es recordando los buenos momentos que has pasado junto a ella y de esta manera la estarás reviviendo dentro de tu corazón.
    Esa persona se va como el sol cada día al atardecer, pero no le volveremos a ver, porque se habrá convertido en una estrella que nos guiará y protegerá en nuestro camino desde lo más alto.

  11. Sigo leyendo páginas de este libro que cada vez me gusta más.
    El tema principal de estos capítulos es la muerte de la madre de Andrés Neuman, algo tan duro que como dice Andrés “te deja sin palabras”. Una vez que pierdes a una persona ya no podrás verla, ni abrazarla, tan solo podrás imaginártela en tus sueños de los cuales no querrás despertar, ya que eres capaz de “estar con ella” pero sin estar muerto.
    Una madre nos da el regalo de la vida y nosotros intentamos recompensárselo, pero aun así la madre siempre te da algo más de lo que nosotros le ofrecemos y nos demuestra que aún nos queda mucho por aprender.

    También me ha llamado la atención el objeto de la moneda, la cual decide entre una cara o una cruz, siendo este lanzamiento un método fácil de tomar decisiones que nos otorga el azar y que salga lo que salga lo acataremos porque no hemos sido capaces de tomar nuestras propias decisiones, aunque también estoy segura de que mientras tiramos la moneda se nos crea un preferencia por unas de las dos opciones. ¿Has tirado alguna vez esta moneda?

    Como conclusión final a estos relatos, se puede decir que no tenemos que perder el tiempo y que tenemos que tratar de la mejor manera posible a aquellos a los que queremos, porque no sabemos cuándo será la última vez que podamos decirles,te quiero.

  12. Continúo mi lectura de “Hacerse el muerto” con la idea de que la muerte me persigue durante la lectura, pero a medida que avanzo, quedo sorprendido porque la temática es totalmente distinta: un alegato a la vida, al amor desinteresado.

    Un regalo que nos hacen de manera desinteresada nuestros padres y que tenemos que disfrutar. Nos hace madurar el hecho de que nuestros padres se hagan mayores y sepamos que algún día no estarán con nosotros. Su silla quedará vacía y entonces nosotros recordaremos todas las experiencias vividas con ellos.

    A pesar de todo lo que hagamos por nuestros padres, siempre será mayor el regalo de la vida que ellos nos hicieron. Durante nuestra vida, en ocasiones, no valoramos la presencia de nuestros padres, pero una vez llegado el momento de la despedida, desearíamos volver a tiempos pasados para cambiar nuestra forma de actuar y compensar su gran regalo.

    Es por ello, que creo que hay que mejorar nuestra forma de actuar en el presente para no lamentarlo en el futuro.

  13. Algo se esfuma, se va y no puedes hacer nada. Te quedas paralizado e incluso frustrado contigo mismo, impasible por no poder hacer nada contra la partida de ese ángel especial.Recordando esos momentos, esas palabras que significaron tanto; y a la vez dándote cuenta de que no podrás volver a verle, no podrás oírle y tan solo quedaran los recuerdos; recuerdos como esa silla vacía en la que no llegó a sentarse, lo que pudo haber sido y sin embargo no pudo ser.Te planteas que todo es un juego,del cual no tienes control en prácticamente nada, donde la muerte se esconde un as bajo la manga y te lleva 5 casillas de ventaja y se lleva consigo ese alguien que para ti lo supone todo.

    Estos capítulos sobre la muerte de su madre me parecen tener un contenido sentimental que consigue hacer que conectes con el autor rememorando a la vez la pérdida de alguien muy importante en tu vida.

    Todo es tan veloz, no te detengas, la vida no lo hace.

  14. UNA SILLA PARA ALGUIEN.

    Tras los relatos de “Hacerse el muerto” vuelvo a la lectura de Andrés Neuman pensando en lo que me voy a encontrar, y sabiendo que son relatos a la muerte de su madre lo que me espero es más de lo mismo. Sin embargo sucede al contrario, al acabar de leerlos me doy cuenta de que son un grito por la vida.

    El regalo de nacer (que solo una madre nos puede dar), que el sol siga brillando aunque nosotros nos hayamos apagado, aprender de la belleza de los errores; el mundo sigue viviendo al igual que tú, aunque ahora estés un poco más solo que antes.

    Todo eso es un regalo. Un regalo que pierde su gracia cuando la persona que te lo ha hecho deja de estar ahí para ver como lo disfrutas y entonces decides dejarlo a un lado, guardarlo en el cajón por un tiempo, pero solo eso, un tiempo. Cuando te des cuenta del verdadero objetivo del regalo: que seas feliz, que disfrutes de la vida que tu madre te ha dado; entonces, decidirás abrir el regalo.

  15. Una tarde más acudo a la cita que nos propone Andrés Neuman, una cita en la que topamos con un baile de sentimientos, sentimientos únicos, personales y que solo puedes descubrir por ti mismo.

    Hasta ahora la verdad había sentido cierta indiferencia ante lo que Andrés me presentaba, pero al leer estos capítulos ciertamente me han conmovido. Esos sentimientos que aparecen cuando sabes que algo se nos va se nos esfuma y no podemos hacer nada para retenerlo, únicamente ayudar a pasar el trago con una sonrisa para ocultar ese sufrimiento. Intentamos de repente vivir experiencias con esa persona que hasta la noticia de su partida no te habías planteado, solo cuando sentimos que perdemos a alguien nos damos cuenta que en verdad la necesitábamos.

    Por ello mi lema de vida es “El hubiera no existe”, no podemos andar lamentándonos de lo que un día no hicimos o no dijimos, por ello creo que todos debemos decir o hacer esas cosas en el momento y no dejarlas para después, porque en el juego del tiempo no hay vuelta atrás y tal vez después hayamos perdido ese último tren.
    Por todo eso me he sentido identificada con estos capítulos.


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