Posteado por: bliques | noviembre 18, 2017

Vamos al teatro. Aquiles, el hombre.


Intérpretes: TONI CANTÓ, RUTH DÍAZ, PEPE OCIO, PHILIP ROGERS, DAVID TORTOSA, RUBÉN SANZ, ÓSCAR HERNÁNDEZ, MIGUEL HERMOSO, LOURDES VERGER, OCTAVI PUJADES
Dirección: JOSÉ PASCUAL

Son ya nueve años los que el ejército aqueo lleva asaltando sin éxito las murallas de Troya. Nueve años desde que una alianza de los pueblos griegos se pusiera en marcha para vengar la afrenta del rapto de Helena, esposa de Menelao, a la que el troyano Paris custodia tras los muros de Ilión. Pero Troya se muestra inexpugnable y el desaliento y la discordia hacen su aparición en el campamento aqueo. Todos los ojos se vuelven hacia Aquiles, el más poderoso de los guerreros griegos, el héroe semidivino del que se espera una intervención decisiva que haga cambiar el curso de la batalla. Pero Aquiles, hastiado de la guerra, se pregunta si merece la pena cumplir su destino…

 José Pascual

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En la tarde del jueves 16 de noviembre, gracias a la programación del Teatro Bretón, volvimos a presenciar (somos reincidentes sin arrepentimiento) un drama de tema homérico. Aquiles, el hombre, del periodista riojano de Haro, Roberto Rivera, que fue estrenada, ahí es nada, en el Festival de Teatro Clásico de Mérida de 2016.

El texto es una más que correcta adaptación teatral del argumento de La Ilíada de Homero, con el añadido de la muerte del héroe en escena (advierto a los adictos a Hollywood que este suceso no se cuenta en el poema homérico). Adaptación convertida un cauce de reflexión sobre la maldad e irracionalidad de la guerra y la perversidad del poder.

Por supuesto, esta reflexión estaba ausente en el poema original, pues, como producto de su tiempo, su fin era ensalzar los valores (aretaí) de una aristocracia terrateniente y guerrera, que cifraba en el combate su timbre de gloria, la extensión de su poder y riqueza, a la que el botín y la rapiña no le causaba desdoro alguno. Era un juego en el que los vencedores, además de todo esto, podían obtener ese sucedáneo de inmortalidad que era la fama, pero si fallaban, podían perder sus bienes, su familia, su vida y caer en la  oscuridad del olvido (una segunda muerte que atormentaba los sueños del verdadero Aquiles de Homero).

Con esta meditación antibelicista y crítica con el poderoso, nuestro autor se sale de la mentalidad homérica y se sitúa en la senda que abrieron los propios griegos hace veinticinco siglos (cuatro después de Homero) al llevar la materia narrativa de los poemas épicos a la tragedia ática, donde los héroes no son ya tan nobles.

La puesta en escena resulta adecuada, con algún pequeño anacronismo que no distorsiona en absoluto y da un toque de modernidad escénica. La interpretación fue de gran calidad, sobre todo, en los personajes de Príamo, Agamenón y el propio Aquiles.

Esperamos que los alumnos que acudieron hayan disfrutado y se hayan despertado aficiones nuevas para el teatro y la literatura.

                                                            Pedro J. Alonso Molina

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